...Y QUIZÁ TE QUIERA. Por Alberto MATE aka Dr.Rolls & Reverendo Royce

Este blog pretende ser una suerte de viaje sentimental, un diario personal, un anecdotario vital, una visión subjetiva y personal, qué sé yo, un TODO alrededor de los Beatles. Fanatismos aparte, no se debe confundir con una enciclopedia: los datos sobre los cursimente llamados Fab Four ya se encuentran en la red y en miles de libros; no deseo aturullarles con cifras, fechas e historias manidas. Pasen y disfruten, un splendid time está guaranteed for all.

miércoles, 20 de octubre de 2010

¡Ay cariño!

No recuerdo dónde compré el album Abbey Road. Lo que sí recuerdo es que, tiempo antes de comprarlo, lo cogí prestado de una biblioteca en un pueblo del sur de Illinois en la américa profunda de los hermanos Coen, lugar donde residí surante un año cuando era adolescente. En la biblioteca de nowhere land había una buena colección de vinilos, cosa que a un españolito -en obras- como yo le dejaba un tanto alucinado. Por aquel entonces, en ssspaña sólo se podían escuchar vinilos -siempre previa a su compra- en el corte inglés y en otras tiendas de discos. Esto es 'jolivud', me dije, y tomé prestado el Abbey Road, última grabación de estudio de los chicos todos ellos juntos. Nervios.

Por aquel entonces yo funcionaba con un walkman de musicasete que me acompañaba como un marcapasos, así que lo primero que hice al llegar a casa fue pinchar el vinilo en el plato de la cadena y conectarlo a eso que se llamaba 'pletina' o reproductor de musicasetes para grabarlo en una cinta TDK o en su defecto BASF (pronúnciese baffffs). Hasta ahí todo normal.

Y es aquí que llega el quid de la cuestión. Escuchando el cuarto corte correspondiente a la maravillosa canción titulada 'Oh darling', y cuando quedaban unos compases para terminar, me llaman al teléfono y corto la grabación justamente en la emocionante subida a grito pelao de la frase final 'I'll never doooo youuu…'. CLIC! Stop.
Llamada cotidiana de amigo, intercambio de chascarrillos, bla bla, cuelgo, y continúo la grabación del disco en el siguiente corte.
Conclusión: durante meses y meses estuve convencido de que 'Oh darling' se remataba con ese corte abrupto final i'll never dooo youuuu… clic! … y comienzo de 'Octopus's garden', y lo tomé como una genialidad más de los bitels. Los mejores.

La anécdota es una tontuna, lo que quiero transmitirles es que dentro de la obra maestra -Abbey Road- , esta canción siempre me ha parecido un temazo. Al fin, cuando descubrí que, efectivamente, había final y que el final era un final típico de ese tipo de canciones, me siguió pareciendo un temazo y la vida continuó como si no hubiera pasado nada.

Por qué Oh darling
Pues no sé por qué razón 'Oh darling' siempre me ha tocado la fibra sensible, quizá por el bonito arreglo de bajo a toda tralla en la mezcla, la voz desgarrada, el arreglo de piano que se escucha en el canal izquierdo del estéreo, o la guitarra cortante que suena en el derecho. Vaya usted a saber. La cuestión es que la canción me ha perseguido durante muchos años y que se merecía una entrada en este blog.

Fue por ello que volví a consultar el oráculo de las canciones bitel, esto es, un libro del que parece increíble que en un año de paseos en Rolls no les haya hablado aún. Se trata de 'Revolución en la mente', por el periodista británico Ian McDonald -desgraciadamente se suicidó hace relativamente poco tiempo-. En el libro, Ian McDonald glosa con datos, opiniones y pareceres cada una de las canciones de todo el repertorio que los chicos grabaron convenientemente ordenado por fechas. La locura, un trabajazo. Les recomiendo este libro a todos, músicos, no músicos, melómanos, criptómanos, gentes de bien, abogados… (es broma, no me tome en serio el gremio, por favor).
Dispuesto a investigar sobre el tema yo, -que siempre lo relacioné con las baladas de la Motown, Four tops, con algunas gotas de James Brown-, acudí al capítulo 'Oh darling' del libro que les comento donde, curiosamente, Ian McDonald afirma rotundamente que en la canción de marras:

1. El arreglo de bajo está mezclado a demasiado volumen. (Oh cielos, arreglo tan estupendo debería estar a más volumen incluso)
2. La batería es torpe (¡Ánimo Ringo!)
3. La canción es un ejercicio de estilo de 'doo wop'. (¡Sí señor!). Los coros están mezclados demasiado bajos (Cierto).

Toma, que ahí vamos
Y ahora, con acento Punsetiano giramos, doblamos la curva, y nos preguntamos: Pero… ¿Qué es el doowop?
El Rolls, que es un automóvil para paseos hedonistas decide tirar por el camino fácil, el de enmedio: la wikipedia, donde se traduce el doowop como el 'du duá', no se si me entienden ustedes, el estilo vocal a capella que lo chicos de barrio cantaban en grupo a diferentes voces arropando a la voz solista para impresionar a las chicas, vamos, el pleistoceno del hip-hop. Échenle un ojo al tema si quieren que les quede más claro.

Y ahora la pregunta es:
¿Es realmente 'Oh darling' un ejercicio de duduá? ¿Pretendía serlo?

Mientras lo pienso... buceo en el proceloso océano yotuve y me encuentro con un viejo 'hit' interpretado por los Jackson 5 del duduá, un grupo con el tremendo nombre de Rocky Fellers (esperemos no fueran tan maltratados por el padre como los 5). La canción que cantan se titula 'Little darlin' y, por lo visto, es uno de los mayores éxitos del duduá en los años 50. No se pierdan al pequeño Joselito. (Avancen hasta el segundo 45' si no quieren introducciones, no tiene desperdicio).



Qué, espero que les haya quedado claro el temita. Sí, no tiene mucho que ver con el 'Oh darling', pero no me lo discutan: el vídeo es increíble. Con ello no pretendo contradecir al señor McDonald, no me malinterpreten. Mejor me voy a dormir y lo consulto con la almohada... duduá, duáaaaaa. Mañana será otro día.

Gracias por estar ahí, les pido sean felices. Nos vemos próximamente en la pantalla.

jueves, 14 de octubre de 2010

Gente que estuvo allí: el Mylodon

Llega al buzón del dr.Rolls un testimonio único, ideal para completar un capítulo apasionante más de nuestro tradicional 'Gente que estuvo allí'. En esta ocasión se trata de un personaje que se hace llamar Mylodon y que alimenta un precioso, tierno y descacharrante blog sobre la capital de España que ustedes no se deberían perder.

El Mylodon tuvo una experiencia mística que confirma la sospecha: Paul no ha muerto. Sin más preámbulos, aquí les dejo con su testimonio en primera persona.

>>Aquel día, mientras planchaba mi deprimente camisa negra de algodón de camarera de catering en algun lugar de Londres, nada hacía presagiar que pronto me encontraría en presencia de la grandeza. No me entendáis mal: mi camisa era deprimente por ser negra, no por ser de camarera de catering. Aquel trabajo, que habia encontrado de pura casualidad al llegar a la capital del Imperio, en realidad me encantaba. Solíamos ofrecer comida en acontecimientos de la vida sosial londinense muy interesantes que tenían lugar en las tripas de lugares a los que jamás en mi vida habria pensado que podría acceder. Pagaban bastante bien. Y ademas no tenía que pensar. Sólo llevar de aquí p’allá bandejas llenas de comida muy rica que a veces uno podía probar. Aquella tarde tocaba ir a las salas del Natural History Museum, donde se iba a celebrar la fiesta de clausura de la London Fashion Week.

>>Lo cierto es que cuando caminaba por Kensington Road hacia ese templo del darwinismo que es el museo de historia natural de Londres iba pensando: "A lo mejor hoy me alegra la vista algún famosillo". Solía ser habitual toparse con celebrities en el tipo de actos en los que Rocket Food -que así se llamaba la empresa para la que trabajaba- ofrecía sus servicios. Ya le había dado la cena a Boris Johnson, el alcalde de Londres, ofrecido refrigerio a Josh Harnett, servido almuerzo a Brandon Flowers y recargado la copa a Elle McPherson. Así que no era nada descabellado pensar que esa noche habría algún habitual de los front row, en el festejo frivoluno. Lo que no se me ocurrió pensar es lo que alegremente nos comunicó el gerente del chiringuito canapero -un tipo llamado Michael, que por cierto nos trataba a la "legión negra", a.k.a “los camareros”, como si fuésemos cucarachas- cuando nos ofreció su habitual speech preparatorio: “Esta fiesta la ofrece Stella McCartney en honor a su madre, Linda, que como sabéis era vegetariana y por eso todos los canapés que ofreceremos serán vegetarianos. Nos han dicho que es posible que Sir Paul se encuentre entre los invitados. Queda terminantemente prohibido hacer fotos. Y por otro ladoffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff...”
Mi cerebro ya no podía procesar más información... En mi cabeza ya sólo resonaban dos palabras, como el ritmo de un metrónomo loco: Sir=Paul, Sir=Paul, Sir=Paul. "Ha dicho Sir Paul?”


>>Le pregunté a uno de mis compañeros, así como fingiendo calma. Viendo que nadie me contestaba con certeza, los nervios aumentaban. “¿¿Ha dicho Sir Paul??” Le pregunté a otro, que me parecía mas espabilado. Nada. Ya histérica, empece a preguntar a diestro y siniestro. “¿¿¿¡¡¡¡Por Dios Santo, ha dicho Sir Paul, si o no???!!!”. Que sí, mujer, que sí, ha dicho Sir Paul, me contestó por fin uno, que me lanzaba miradas reprobatorias, como si viese en mí a una Mark Chapman en potencia. A mí me parecia imposible que a toda esa gente se la sudara de tal forma que un Beatle fuese a estar entre nosotros aquella noche. Pero os juro que así era. A nadie le importaba tres conchones. El caso es que reconocida e identificada la situación -aquella noche era posible que me encontrase con Paul McCartney EN PERSONA- empecé a examinar el espacio por el que los cincuenta camareros deambulariamos a lo largo de la noche. Como un terrorista de 'La Jungla de Cristal' le di un repado visual a las salas abovedadas, la escalera de mármol, el dinosaurio gigante del recibidor... y en seguida me di cuenta del problema: aquello era demasiado grande y cuando se llenase de gente sería imposible saber si Paul se encontraba en algun rincon. Así que fui uno por uno pidiéndole a todos mis compañeros (muchos, completos desconocidos), que por favor, por favor, POR FAVOR, si veían a Paul McCartney en algún rincón de la sala, por favor, por favor, por favor, me lo dijesen.


>>Ya le habia ofrecido tempura de verdura con alioli a Tracy Emin y crocante de campiñones a Kate Hudson cuando alguien me cogió por el hombro y me llevó hacia la luz. “Ahí está”, me dijo Juan, un bueno amigo. “Ahí está. Pero no vayas a ofrecerle más, que todo el mundo le ha ofrecido ya cien veces”. Y sí. Era cierto. Ahí estaba. Aquel hombre menudo con traje de chaqueta azul marino y corbata que lucía en los pies unos ridículos playeros tipo New Balance y en la cabeza un peinado propio de una señora de setenta años era Paul, el beatle muerto, vivito y coleando. Y a mi me importaba bien poco que una legión de cuarenta y nueve camareros ya le hubiese ofrecido comida. Por mis santos huevos iba a HABLARLE A UN BEATLE. Allá fui, con mi deprimente camisa de algodón negro de camarera de catering y una bandeja llena de pinchos en una mano. Me puse frente a él y le miré a la cara. ¡Quería verle la cara!. Mis ojos se pusieron en modo Robocop absorbiendo toda la información posible a una velocidad imposible. ¿Qué vi? Vi a un señor muy mayor pero con cara de niño con una tez rarísima, muy brillante, con dos mofletes colgantes rarísimos que me miraba con gesto de asco: "Would you like some aubergine and courgette gratin, sir?", le dije. Con un aburrimiento infinito me contestó: "No, thank you". Pero a mi me sono como si me hubiera dicho esto...



>>Justo después, con las manos temblorosas y la voz rota, me piré a la cocina -donde el ejército cucaracho tenía sus cuarteles generales- a llorar de emoción un rato. Nadie entendía qué coño me pasaba.


Ahí está, señoras y señores, el testimonio real y unico de que Paul está vivo y mantiene su peinado. Gracias al Mylodon por su generosidad para con este Rolls y todos sus lectores. No olviden que pueden seguir las aventuras del Mylodon aquí.

Besos y abrazos.

lunes, 11 de octubre de 2010

Fracasa más, fracasa mejor (IV) : Para nadie


(Engolada voz resuena). 'En anteriores capítulos de la serie veíamos cómo el dr.Rolls confesaba sin pudor su estrategia para ganar el certamen de relatos bitel que el periódico La vanguardia convocaba hace unas semanas. Para evitar una hipotética derrota, el dr. presentaba 4 relatos bajo distintos nombres de familiares y amigos. Todos ellos fracasaron. Los tres primeros se publicaron en las anteriores entregas. Hoy veremos el capítulo final de la serie más seguida en todo el planeta. ¡Permanezcan atentos a sus pantallas!'.

Efectivamente amigos, hoy desembarco con el último de los relatos. Les contaré para ponerles en antecedentes que, una vez escrito el relato de Pierre Menard y a pesar del alborozo que me produjo su escritura, llegué a la conclusión de que aquellas 300 palabras eran demasiado frías e intelectuales; quizá me estaba dejando algo por el camino tanto en este relato como en los dos primeros. Me refiero al lado sentimental o emocional que tiene que tener todo relato concursero: unas gotas de ritmo, unas gotas de humor, unas gotas de naturalidad y… unas gotas de sentimiento, de afección, de cosa emocional, ustedes me entienden. Eso fue lo que me decidió a escribir este último cuento basado en una anécdota real que le ocurrió a un amigo -un intercambio de emails con un amor de adolescencia imposible-. No les adelanto más. Lean ustedes mismos y saquen sus propias conclusiones…

PARA NADIE

Escuché ‘For no one’ diez veces seguidas. A la undécima me armé de valor y, conteniendo la respiración, escribí el correo. Le dije todo lo que pensaba y quería: le declaré mi amor eterno en primera persona. Después traduje la letra de ‘For no one’ -para nadie- al castellano y se la dediqué –para ti- junto a la propia canción en formato mp3. En total 4,3 megas de cursi declaración de amor adolescente. El email es la herramienta de los cobardes, pero qué le vamos a hacer. Pulsé enviar.

Por la noche recibí la respuesta. Ocupaba 4 miserables ‘kas’. Esperanzado, abrí el mensaje. ‘Déjame en paz, no te quiero. R.’

Nunca imaginé que 4 ‘kas’ pudieran producir tanto dolor. Me acosté apretando los dientes. Me prometí no llorar, pero al fin lo hice. Fue mejor así.

Pasaron los años y aquel primer amor quedó lejos, arrumbado por el paso del tiempo. La vida siguió su curso, nada fuera de lo normal.

Esta mañana, mientras leía el periódico, mi hijo mayor –siete años- se ha puesto a cotillear los vinilos que tengo en el estudio. Le vuelven loco los colores e imágenes de las portadas y las contraportadas, mirar las carpetas, los álbumes dobles... Esta vez le ha tocado el turno al Revolver de los Beatles. Repasando la contra me ha preguntado distraído: papá, ¿qué significa ‘for no one’?

Para nadie, significa para nadie, he respondido. Él se ha encogido de hombros y ha seguido a lo suyo.

Por la tarde he vuelto a escuchar la canción. Me ha generado una especie de nostalgia difícil de explicar, la nostalgia de un lugar donde nunca estuve. Tentado de introducir el nombre de mi primer amor en el buscador de Facebook, finalmente he desistido. Quizá sea mejor así.

F-I-N

Pues ahí queda eso.
Confieso que al día de hoy aún sigo estupefacto.

Mi abuela dice que tenía(mos) que haber ganado.

No puedo acusar a La vanguardia de catalanista: el protagonista del relato ganador era un guardia civil (!). Nada que objetar sobre ello, el relato era un buen relato sentimental.
Quizá por ello, creo me falló la falta de 'localismo'; dejarme de kafkas, monterrosos y borgeses. Ah, e incluir alguna palabrota. (Siempre he pensado que eso ya estaba pasado de moda).

Pero la vida sigue, no preocuparse. El Rolls continuará su periplo más rumboso que nunca. Y ustedes lo verán. Aquí les dejo con san yotuve. Hay cosas increíbles en este universo.
Besos y abrazos.




viernes, 8 de octubre de 2010

Fracasa más, fracasa mejor (III) : Pierre Menard, autor del Sargent Peppers


Atención señores porque ya estamos entrando en la penúltima curva. Aquí les traigo calentito mi tercer relato bitel. Después de escribir los dos primeros, fue que me di cuenta de que debía apurar más el número de palabras y yo, que siempre fui fan de las ficciones y alephes del señor Borges, recordé aquel relato suyo titulado 'Pierre Menard, autor del Quijote' que siempre me hizo mucha gracia. Considero a Borges uno de los grandes humoristas argentinos del siglo XX, mucho mejor que Andrés Calamaro, donde vamos a ir a parar.


De esta manera alcancé prácticamente los deseados 300 vocablos que pueden leer a continuación...


Pierre Menard, autor del Sargent Peppers

Conocemos a Pierre Menard por el famoso relato de Borges. La hazaña de Menard -escritor simbolista francés del XIX- consistió en escribir el Quijote, palabra por palabra, sin el modelo original delante sino a través de la experiencia metafísica de ponerse en el lugar y en la época de Cervantes. Lo que no nos cuenta Borges, probablemente por desconocimiento, es que Menard fracasó en el intentó de regrabar el Sargent Peppers pista por pista. El dato salió a la luz recientemente.

Gracias al trabajo de un grupo de investigadores de la universidad de Lille, sabemos que Menard escondía en el sótano de su casa un melotrón, varias guitarras y bajos eléctricos, un combo de batería, un órgano Hammond B3, una sección de metales y varios componentes de la filarmónica de Lyon secuestrados, junto a un cuatro pistas rudimentario pero útil. Al igual que había retrocedido hasta el siglo XVII para ponerse en el contexto de Cervantes, nuestro pionero tuvo que avanzar mentalmente casi un siglo para emprender su obra musical más ambiciosa: el Sargent Peppers Lonely Hearts Club Band. El reto era ambicioso, difícil, transgresor, pues suponía un salto estético, social y musical de gigante. No fue esto un problema para Menard, un tipo avezado, chovinista y lleno de amor propio. El problema con el que se topó fue distinto. Aquejado de un problema cardiovascular, Menard dejó este mundo durante la grabación del clímax de ‘A day in a life’, canción que él consideraba su obra cumbre. Un soplo en el corazón, probablemente producido mientras escuchaba las tomas finales, fue el culpable. La interminable escala ascendente se lo llevó un 7 de junio de 1883.

Los investigadores guardan con celo el diario de grabación donde se detallan todas estas revelaciones. Los apuntes sobre las sesiones aún no han sido publicados.

F-I-N

No quiero que me acusen de intelectual; acúsenme de hedonista. No se pueden imaginar cuánto placer me proporcionó la escritura de este relato. Aún puedo imaginar e a esos investigadores de la universidad de Lille hurgando en el sótano de la casa decimonónica de Pierre Menard, entre polvo y legajos.
Ahora la pregunta es: ¿Por qué fracasó este relato? ¿Es que no había ni un sólo redactor argentino en el tribunal? ¿O es que quizá había un argentino pero se sintió ultrajado?
Nunca lo sabremos, la respuesta se perderá en el tiempo como gota de lluvia o bien habrá que preguntar a ese grupo de investigadores de la universidad de Lille...


En fin, recuerden que esto no es todo amigos: mañana cuarta y última secuela. Lo mejor por llegar. (No puedo evitar comentarles que en la imagen de arriba Borges transmutado en Lennon me recuerda a Mick Jagger en la actualidad. Nada, sólo eso)

martes, 5 de octubre de 2010

Fracasa más, fracasa mejor (II) : Los Beatles son Dios

Lo prometido es deuda, aquí desembarco con el segundo de los relatos que presenté al certamen de marras (ver entrada anterior). Como ven, el título 'Los Beatles son Dios' es muy 'Rolls'. Por un momento, y dada la fama y el prestigio internacional de que goza este blog pensé que sería desenmascarado y que un titular en La vanguardia se haría eco de la trampa: 'El doctor Rolls nos la intenta colar'. Pero no. El relato pasó el corte sin sospecha alguna.
Aquí lo tienen, no les distraigo más. Espero les guste:

Los Beatles son Dios

Envió un sms a todos su amigos: 'Los Beatles son Dios'. Y abrió un blog para proclamar la buena nueva. No tardó en congregar a miles de fieles. A través de la red se daban cita en su famoso blog, losbeatlesondios.com. Eran muy populares sus certámenes anuales de gritos en el Shea Stadium, sus peregrinajes al paso de cebra de Abbey Road –no sin crear ciertos problemas de tráfico-, o su himno, el tantas veces coreado lalala final del Hey Jude. Su imagen variaba dependiendo de la época: desde flequillos rectilíneos a barbas ermitañas, de trajes entallados a ropas sueltas de gusto oriental. Su actitud oscilaba entre la histeria colectiva y el recogimiento silencioso con cuidado de no dañar el karma.

La secta no estaba catalogada como peligrosa. No se conocían casos de pederastia.

Su líder mantuvo el blog durante años, escuchando las canciones de Dios cada día. No admitía donaciones, era informático. Murió tristemente en 2009 y sus cenizas fueron esparcidas sobre el río Mersey a su paso por Liverpool.

F-I-N

...

(Qué, cómo lo ven. Seamos sinceros: las 175 palabras del relato no están nada mal. Reconozcan que tiene humor ácido que no lisérgico -el anterior sí era más lisérgico, por cierto-. Quizá algún creyente se haya sentido ofendido, no lo sé. Les tengo que decir que el relato generó comentarios del tipo: 'Claro, los Beatles son los dioses que crearon el pop tal como se entiende hoy'.

Muy bien, claro que sí. Pero es que además... son Dios!

Pues nada, éste es mi fracaso II, gracias por su atención y manténganse al acecho. Mañana les prometo un relato de casi 300 palabras justitas. Ahí es nada.)

domingo, 3 de octubre de 2010

Fracasa más, fracasa mejor (I) : La bitelmorfosis

Señoras y señores: esta semana estamos de celebración. Nuestro entrañable Rolls cumple un año y lo vamos a celebrar no con una, sino con cuatro entradas que espero hagan las delicias de sus sensibles paladares. Parece que fue ayer.

He preparado Cuatro secuelas de un todo que he titulado en modo 'Beckettiano', y permitan que me ponga teatral parafraseando a Vila Matas que a su vez parafrasea al grrran drrramaturgo irlandés Samuel Beckett, autor de la máxima: 'fracasa otra vez, fracasa mejor'.
Permitan que les explique:

Hace unas semanas se puso en marcha un certamen de relatos en el periódico La vanguardia. El tema central de los relatos debía versar sobre el tema de este blog: los bitels. El premio, un par de entradas para ir a ver a la Royal Philarmonic Orchestra 'sinfonizando' canciones de los chicos en el Royal Albert Hall de Londres el próximo 28 de octubre.

Curiosidad manifiesta, perita dulce, allá que va el Rolls
Fue entonces que el dr.Rolls decidió participar, naturalmente, aunque siempre ha pensado que esas versiones orquestales de los chicos huelen a chamusquina si no a naftalina. Aún con ello, y como reto personal, decidió colocarse la gola y los manguitos e hizo su pluma resbalar sobre el rugoso pergamino. El doctor se puso manos a la obra (obra que, según las bases, debía ocupar menos de 300 palabros).

El orgullo, ese enemigo
Les he de confesar que el dr. Rolls es un pequeño escritor frustrado. Por ello, y para aumentar sus 'chances', el orgullo quiso poner la zancadilla a una posible derrota. En la oscuridad de la noche, el doctor pergeñó un plan: presentaría cuatro relatos -4fab relatos- bajo distintos nombres y dnis de familiares y amigos. El plan perfecto.
Un relámpago encendió su oscura cocina. El trueno posterior hizo vibrar la cubertería de cajamadrid. Su carcajada se escuchó en la noche madrileña, en ssspaña, en la redacción de la vanguardia, en el mun
do entero. ¡¡JAJAJAJAJJAJAJA!!

Manos a la obra
Reconozco que ha sido una diversión escribir los cuatro relatos. Por supuesto, y como pueden intuir gracias al título de esta entrada, el fallo -nunca mejor dicho- se hizo público hace un par de días y ninguno de ellos se hizo con la gloria. Mi visita al swinging London va a tener que esperar. Quizá más adelante me invite sir Paul a alguno de sus cocktails, pero no sabría decir cuándo.

Les iré colgando un relato cada día, para que ustedes los paladeen bien y me den su opinión (cosas del tipo, 'ah, merecías haber ganado', 'qué bueno, cuánto vales', o 'los becarios de la vanguardia no tienen ni idea de literatura...')
También les querría pedir un favor: no le cuenten a nadie la corruptela en la que me visto inmerso; comprendan mi situación, soy personaje público y he de cuidar mi reputación. Les pediría que no airearan todas estas historias, ya saben que hay muchos foreros malos por ahí, gente sin escrúpulos.

Aquí les muestro el primero que escribí la noche de autos en que decidí jugar a la trampa. Es corto y directo, de prosa desnuda. Creo que a Kafka le habría molado. A ver qué les parece a ustedes. Se titula 'La bitelmorfosis', tiene 121 palabras y dice así:

LA BITELMORFOSIS

Cuando Gregorio Samsa despertó de su sueño, se vio convertido en un Beatle. Ahí estaba él, delante del espejo, con su flequillo, su traje impecable, sus botines elegantes, y hasta una Rickenbacker negra que colgaba de sus hombros.

Miró hacia la ventana. El día era gris, tristón. Ya me volví a pasar con el ácido, pensó. Se quitó la Rickenbacker de encima, la guardó en el estuche apoyado en la pared y se despeinó. Decidió acostarse de nuevo.

Cuando despertó, los discos de los Beatles aún estaban ahí. Suspiró. Todo había pasado. Se duchó, se afeitó, se vistió, tomó su maletín y salió a la calle. Good day sunshine, murmuró al sol. Y se alejó silbando camino del ministerio.

F-I-N

(Entre nosotros, éste no está nada mal. Eso me ha dicho mi abuela y seguro que Millás también me lo diría. Mañana les traigo más miga. La cosa promete, vamos, que los relatos tendrán más palabras. Ya verán, verán...)

martes, 28 de septiembre de 2010

Cuando las ranas se piensan conejos y así

Ya casi un año de paseos en mi Rolls y aún no les he hablado de lo que fue el evangelio de mi adolescencia. Se trata del libro ‘¡Gritad!’, por Philip Norman, biógrafo de los chicos y también biógrafo de Lennon. El evangelio según San Philip, como les digo, se titula ‘¡Gritad!’ (Shout in inglishh) y a mi me tuvo el cerebro absorbido durante mi primer año de arquitectura. Lo que Le corbusier no consiguió, afortunadamente, lo consiguió Norman –no confundir con ‘normal’-. Lo siento catedráticos y académicos.

El evangelio cuenta la historia de los chicos desde la infancia de cada uno de ellos hasta el éxito conjunto y su separación final, páginas y páginas de emocionantes anécdotas y aventurillas. Por supuesto, aquí no les voy a hacer un resumen, simplemente quiero recordar una de esas anécdotas que se me quedó clavada en la memoria. Dice así.


To the top

Lennon siempre tuvo claro que él y sus chicos –pero sobre todo él- iba a llegar al top de los tops de todos los tops. La pregunta que siempre gritaba a los chicos cuando iban subidos a la furgoneta en sus primeros bolos por los pueblos de las islas y antes de contratos discográficos y demás bitelmanías era: ‘¡¡¡¿Hacia dónde vamos, chicos?!!!’, y el resto respondía al unísono: ‘¡¡¡Vamos to the top, Johnny!!!’’ ‘to the top!!!’
Tanta seguridad en lo que estaban haciendo y tanta confianza en el éxito le deja a uno desarmado. Lennon en ningún momento se planteó el fracaso. No había espacio en su cerebro –o lo tenía bloqueado- para esta minucia. Pero pudo haber ocurrido: la línea que separa el éxito del fracaso es muy delgada, casi inapreciable. Hacen falta, más allá del talento, unas cuantas gotas de suerte, esto es, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.

Y es ahí donde entra Brian Epstein, manager y gran personaje que arropó a los chicos y buscó como sabueso contrato discográfico en una multinacional hasta debajo de los adoquines de Picadilly circus. Ese contrato se hizo esperar cosa de un año y fue el último clavo –Parlophone, un sello subsidiario de la EMI- el que finalmente los sujetó. Los momentos previos al acuerdo final con Parlophone fueron bastante tensos. Lennon estaba quemado con Epstein porque no conseguía nada para ellos, (él y sir Paul esperaban cada fin de semana en la estación de tren de Liverpool su regreso de la City londinense con supuestas ‘buenas noticias’; por aquel entonces Liverpool quedaba muuuy lejos de la capital del imperio). Epstein era consciente de la ansiedad y fragilidad de Lennon. A pesar de su supuesta seguridad acerca de su anhelado éxito, sabía que se hundiría como el que más y en lo más oscuro del océano profundo del horror si no conseguía su objetivo. Por ello, antes de conseguir ese contrato con el último clavo ardiendo llamado Parlophone, Brian Epstein habló con la mítica tía Mimí (la tía que ejercía de mamá del pequeño Lennon) para comentarle que era plenamente consciente de la fragilidad de su sobrino y de que si las cosas salían mal, él le protegería en la medida de lo posible. (Pero… ¿cómo se protege a alguien en caída libre?)

Esta historia tiene final feliz. Ustedes ya la conocen: el talento se convirtió en éxito. El sueño de la furgoneta se hizo realidad. Los chicos se convirtieron el lo más top de los tops.


Últimas preguntas
Pero… y no puedo evitar preguntarme:

¿Qué habría pasado si el monstruo no hubiese llegado al top, tal como ocurre con el 99% de las bandas que en el mundo han sido?
Y, generalizando… ¿qué ocurre cuando uno pone mucha energía en algo y finalmente no logra los resultados que esperaba?

Y lo peor, no siendo el caso de los chicos, la pregunta que justifica el título de esta entrada:
¿Qué pasa cuando uno persiste en algo para lo que no tiene talento, esto es, cuando uno es rana y se piensa oveja?

Por favor, no nos pongamos dramáticos y acudamos a la red una vez más para ilustrar una posible respuesta. Les sugiero vean a uno de mis personajes favoritos de los chicos de Muchachada Nuí. Se llama Philip Max y es director de teatro.




Recuerden que todos tenemos un pequeño Philip Max dentro. No olviden reprimirlo con todas sus fuerzas. Por cierto, pueden hacerse 'fans' de este personaje aquí.

Y porque la vanidad puede ser el potro de tortura de nuestras frustraciones: si quieren decepción, aquí dos tazas. Volviendo al principio y para cerrar el círculo, les dejo con uno de aquellos que respondían a grito pelado ‘To the top, Johnny, to the top!!!’ en la furgoneta. Él se llama Pete Best, y fue arrojado de la furgoneta bitel cuando ésta empezaba a despegar. Epstein trató de ponerle paracaidas y así lo hizo colocándole como batería de otro de los grupos en su cartera. Vean ustedes mismos el resultado. Aquí lo tienen con bigotón de moda en el show de David Letterman
, 20 años después de todo aquello . Si no lo entienden no desesperen, simplemente fíjense en su rostro. ¡Ánimo Pete!



(El vídeo tiene dos partes. Si tienen ánimos pueden abrir la segunda)

martes, 21 de septiembre de 2010

La aristocracia baila

Porque la sangre azul también llora, ríe y... baila, aquí viene nuestro aristocrático vehículo -el Rolls- para llevarles a todos ustedes por la vereda de los jardines geométricos franceses, los cotos de caza del zorro ingleses, o los secotes latifundios manchegos. Ahí vamos.

Les explico: en la entrada anterior, y a la búsqueda del vídeo bitel que mejor expresara con imágenes el tema de la entrada, me topé con el vídeo de la actuación que los chicos dieron en el Royal Variety Show (abril del '63 en el London Palladium). Aquella actuación fue mítica, porque entre los asistentes se encontraba nada menos que la gran, la única, la irrepetible Elizabeth II, rrreina de Inglaterrrrra. (Así fue, amigos, tengan en cuenta que, unos meses antes, los chicos estaban tocando en Hamburgo delante de marineros y prostitutas). Bitélmanos recalcitrantes y no tan recalcitrantes, permítanme contar la siguiente anécdota tópica, que no por manida es menos interesante.

La gracieta
El momentazo prometido por Lennon entre bambalinas del London Palladium y antes del concierto se hace realidad durante la presentación de la última canción, el twist and shout. Mr. Epstein, manager de los chicos, le había implorado que no lo hiciera, pero como Lennon se la pelaba -y disculpen la expresión- el mundo en general y su manager en particular, pues hizo lo que le hacía siempre: lo que le apetecía. Bien, escuchen en su propia voz la introducción. Observen con atención el saludo que le devuelve la reina. Luego nos entretendremos con esto.



(El chico pide que la gente en los asientos más baratos den palmas, y que el resto hagan sonar sus joyas. Les aseguro que en el contexto de la época, el comentario es tan punki como un escupitajo de Sid Vicious. Aún con todo los chicos caían bien, esos trajes impecables supongo que ayudaban.)
Bien, ¿¿han observado a su graciosa monstruosa majestad, la pompa, el boato, esssa corona, el saludo??

Reconozco que la aristocracia inglesa, ya no sólo la top de la top como es este caso, toda su aristocracia siempre me ha fascinado. Es un planeta aparte, una vida exterior (o interior) poblada de árboles y verdes praderas, polo y caballos, mayordomos y secretos, en fin, un mundo obsceno, excesivo, poderoso... y dueño de un imperio. Hasta ayer mismo.

Precisamente, al mismo tiempo que me topaba con este vídeo la pasada semana, Félix de Azúa publicaba una entrada sobre este tema -la aristocracia inglesa- titulado 'El crepúsculo de una casta'. En él habla sobre los diarios de un tal James Lees-Milne -industrial ricachón inglés- que vivió de cerca el auge y caída de la aristocracia inglesa a lo largo del siglo XX. Estos diaros son un best seller en el Reino Unido.

Hay lío sucio: allá que vamos
Aquí les coloco un extracto de la entrada de Azúa (denme el gustazo de colocar un blog dentro de otro blog al modo de 'Origen'. La vi la semana pasada y aún estoy dándole vueltas a la furgoneta en caída libre- ¿por qué no lleva la pegatina de la ITV en el parabrisas?- En fin, que me disperso. Sigamos)

Lo sugestivo de estos diarios son, claro está, no tanto las abundantísimas anécdotas y chismes (a veces macabros, casi siempre sexuales), cuanto la imagen general de un espeso bosque que va quedando sin hojas, luego sin ramas y finalmente sólo con el tronco quemado por los rayos, el sol, la lluvia, los parásitos y el viento. Es el bosque de la upper-upper class británica, talada en veinte años y reducida a un cementerio de madera podrida. Lo que los franceses lograron en un solo año con la ayuda de la guillotina hubo de hacerlo mucho más lentamente Gran Bretaña con la ayuda del alcohol, el sexo, la ruina económica, las drogas, la desesperación, los gobiernos socialistas, la debilidad mental y la esterilidad. (Den 'patada' para leer esta entrada)

Y yo añadiría, a modo de Steve Buschemi en el gran Lebowsky: ¡Y los BITELS!
Sí, amigos, los bitels también contribuyeron a terminar con la aristocracia british. El comienzo del fin es el choque de trenes entre los melenudos y la realeza que muestra el vídeo que acaban de ver. 'Ustedes muevan sus joyas que nosotros ya movemos los flequillos'.

Ahora yo exclamo a contraluz: malditos sean, malditos sean los chicos por privarnos de un mar de céspedes que ahora tiene que cuidar el gobierno británico con gran esfuerzo de su contribuyentes.
¿Dónde quedó Winston Churchill?
Maldita sea, que lo saquen de su tumba, que el país vire hacia la dirección correcta.
¡Vidas descarriaaaadas!

- Creo que está enloqueciendo, dr.Rolls.
- Llámeme reverendo Royce, por favor.
- Creo que está enloqueciendo, reverendo Royce.
- Puede ser. Continuemos.

Los restos
Por cierto, la durísima e inquietante foto que ilustra la entrada representa a la aristocracia monegasca bailando a la Iguana y sus Stooges -o lo que queda de ellos- y a los ZZtop en plena fiesta veraniega del Principado. No pretendía herir la sensibilidad de nadie. Simplemente quería que vieran cómo baila la aristocracia europea actual.

Ahora, la pregunta es: ¿qué quedó del rocanrol?

En este orden de cosas y, como ni ustedes y yo vamos a leer los tropecientos tomos ni las miles de páginas del diario de James Lees-Milne, les recomiendo que lean si aún no lo han hecho, (y no me vale haber visto la peli), la novela 'Los restos del día', de Kazuo Ishiguro, editorial Anagrama-compactos. Les aseguro que se les van a saltar las lágrimas. Es un consejo de... ellll doctorrrr Rrrrolls!
Saludos y buen día.

martes, 14 de septiembre de 2010

FEEEEENDER!

El tapir, animal amable cuyo blog deberían visitar sin falta, me ha hecho llegar un bonito libro de fotografías raras de los chicos. Uno se cansa de ver siempre las mismas fotos, igual de que se cansa de que le digan ‘los bitels, ah, sí, shi lofs iu ye ye ye, jijiji’, por lo que este libro ha sido recibido con alegría y alborozo. ‘Los Beatles en el objetivo, 1963-1969’ lo firma el dueño que no autor de las fotos que aparecen, un tal Mark Hayward, coleccionista de fotos y objetos de los chicos y, por lo que nos cuenta en los comentarios, un adepto a las subastas de Sothebys. La clase alta inglesa nos brinda la oportunidad vía publicación de enseñar sus negativos de colección para que nosotros pobres mortales podamos disfrutar con sus entretenimientos. Gracias Mr. Hayward.


Al lío

La foto que ilustra la entrada y que forma parte de este libro no está escogida al azar, no. No piensen que el dr.Rolls juega a los dados. Esta foto me ha llamado poderosissssísssimamente la atención porque es una foto datada en 1963 donde Lennon –emparejado con sir Paul- está tocando una mítica Fender stratocaster blanca en lugar de su no menos mítica Rickenbacker negra. Repito: Lennon está tocando una mítica Fender stratocaster blanca en lugar de su no menos mítica Rickenbacker negra.

Insólito. Abracadabrante. Repanochístico.


Aclaración

Lo sé, este dato ya es para bitelmaníacos muy metidos en harina, guitarristas pop/rock impenitentes y pajeros del beat. Aún así, les intentaré explicar a los demás seres vivos y legos en la materia que el hecho de que Lennon sujetara una strato blanca –dato que se le escapa incluso al dueño del negativo, que hace comentario alguno al respecto en el libro- es algo raro raro. Para que ustedes lo entiendan, es algo así como si ustedes están en la pelu y abren un ¡Hola! –por ejemplo-, o un Abc Hoy Corazón y se encuentran a nuestro príncipe Felipe del bracete de Gwyneth Paltrow en lugar de su pichoncito actual.


- Dr. Rolls, este último comentario está fuera de lugar, es frívolo, desacredita su blog e insulta al lector. ¿Qué coño es eso de pichoncito? ¿A qué viene ahora la monarquía?

- Vaya, disculpen ustedes la salida de tono, simplemente quería que entendieran el asunto de hoy. Les pido que no se equivoquen conmigo, el dr.Rolls se declara ácrata e independiente, aunque reconoce que tanto monarquía como anarquía riman con cerveza fría. Sigamos adelante.


Buddy Holly por un día

Lennon jamás tuvo en su poder un strato durante esa época (más adelante sí, ya en el 66 se haría con una sonic blue, pero incluso ese modelo es muy distinto al de la foto). Para que se hagan una idea, el modelo que sujeta es el que tocarían después Jimmy Hendrix o David Gilmour de Pink Floyd. En el año 63, Lennon gastaba Rickembackers porque, por aquel entonces, la strato era bastante más cara. ‘Feeeender’, decían los chicos alargando la ‘e’, como si la marca fuese un gigante irreductible. Quiere decir esto, que si Lennon se hubiera comprado una strato a principios de los 60, tal como pretendía en un principio para imitar a su ídolo Buddy Holly –usuario de fender-, el sonido de la bitelmanía habría sido totalmente distinto. Las canciones las mismas, sí, pero el sonido clang clang, habría cambiado por el de cling cling. Vean ustedes mismos y comparen a unos bitels bañados en rickenbackers versus un Buddy Holly con strato al hombro. Primero Buddy, (me encanta la señorita que presenta el evento. Nos advierte de que el chico va a tocar ‘rocanrol’ y que debemos tener la mente abierta para la esta nueva música que escuchan ‘los jóvenes’):



Toma trío punk. Ese instrumental intermedio está más cerca de los Ramones que de Elvis, me dirán.

Ahora los chicos:



Como ven, el curso de la historia habría sido distinto y los Jam tampoco habrían sonado así, ni los Byrds… ni my iron lung de radiohead si Lennon hubiera tenido ahorrillos en sus comienzos para hacerse con una feeeeender. La fábrica rickenbacker no habría peluchado.


Queremos saber

Y ahora, la pregunta es: ¿Qué hacía lennon tocando una stratocaster blanca en el concierto de nochebuena del Astoria londinense en 1963?

No lo sabemos. El libro no lo explica.

Las hipótesis que plantea el dr.Rolls Son:


1ª.- Que lennon olvidó la guitarra en casa y el telonero le dejó la suya. (harto probable)

2ª.- Que lennon se encaprichó con la strato del telonero y se la mangó para tocar en el concierto. Después hubo bronca en el camerino.

3ª.- Que lennon, miope casi ciego, se equivoca de estuche y coge la guitarra del telonero sin querer. Bronca en el camerino también.


Y eso es lo que les quería comentar. Supongo que los enfermos de GAS me habrán comprendido en el más amplio sentido del término. Les diré también que el dr.Rolls alias Mate se gasta una fender Stratocaster porque –aparte de ser amante de su versatilidad- hoy en día un modelo strato de gama media es bastante más barato que cualquiera de la Rickenbackers del mercado. Los culpables de esto son los chicos. El que firma sigue soñando con ellas.

Bona nit!

martes, 7 de septiembre de 2010

Ahora que Dios no existe

No lo digo yo, que lo afirma el gran Stephen Hawking desde su atalaya científica. Y esta vez no se anda con chiquitas ni teorías filosóficas. Parece que el señor de Oxford y catedrático descendiente de Newton va en serio. Nada de que si Dios ha muerto o que si juega a los dados; nah nah, eso sería presuponer que alguna vez existió. Y mira que yo estaba fascinado con la teoría de que Dios era una fórmula matemática y cuando te mueres subes al cielo y vas y te encuentras un dosequis elevado a ene igual a integral de equis a la equis -por ejemplo-. Vaya chasco.

En fin, no convirtamos este blog en un blog de tertuliano de tabernilla -disculpen la redundancia-. Centrémonos en nuestro tema amigo y tiremos adelante. Porque si hay algo de los que podemos estar seguros es que los bitels existieron aunque ya no podamos agradecérselo siquiera a Dios.

Hoy el dr.Rolls se transmuta en el Reverendo Royce para convertir a los duros de oído, a todos aquellos ciegos de tímpano y corazón y a los descarriados radioformuleros. ¡Convertíos pecadores! ¡Subid a nuestro Rolls que cual arca de Noé sobrevive a las lluvias torrenciales del mal gusto! Así sea.

Los bitels son Dios
En el principio las tinieblas lo cubrían todo, les estoy hablando la eso que se llama 'tierna infancia', adjetivo aquel que siempre acompaña de manera cruel una etapa de la vida ante todo idem cruel. Pero la luz se acaba haciendo de alguna u otra manera. Uno aprende a tocar la guitarra generalmente en la adolescencia por aquello de rellenar el vacío existencial y, de paso, soltar la hormona; un tío que toca la guitarra siempre liga:

- Topicazo falso.
- Cierto, pero uno se hacía la ilusión.

Da igual, a lo que vamos, la cuestión es que cuando uno empezaba a tocar la guitarra generalmente terminaba en sus manos algún libro con los acordes del repertorio de los chicos. Quizá fuera más fácil comenzar con los 2 ó 3 acordes de los Ramones, pero no fue así. En mi caso, la biblia bitel cayó cobre mis espaldas con gran regocijo por mi parte. Por aquel entonces -inefables años ochenta- no era sencillo ni barato hacerse con una de esas biblias. Solían ser libros grandotes y caros que te cortaban la circulación de las piernas mientras hacías peripecias para sujetar la guitarra y mantener el libraco sobre los muslos.

Conseguí mi primer libro de canciones bitel en las américas, años ha. Era un libreto tamaño din A4 encuadernado con canutillo cutre pero cómodo, ligero, fácil de abrir, fácil de seguir, transportable: la biblia ideal. El cuaderno acabó en manos de amigos y colegas novatos guitarristas como yo, manoseado, fotocopiado, descompuesto y gastado. Finalmente se perdió en alguna mudanza. Para entonces la era internet ya estaba aquí, así que cada vez que he querido consultar alguna progresión de acordes bitel no he tenido más que bucear por la procelosa red para conseguirlos (nunca te fíes de la intennet, que es un bicho malo). A pesar de la, a veces, poca precisión de los acordes que la gente interpreta y cuelga, me ha venido siendo útil en los últimos años.

Hasta hace unos meses que descubrí en el mítico Tower Records de Dublín -hablo de esta tienda en triste decadencia en alguna entrada anterior- que vendían de 'saldillos' junto a la caja un 'little songbook', esto es, un pequeño librito con el repertorio de los chicos y, además, a un módico precio. La tapa era plasticosa, blanda y negra, y la edición se asemejaba a uno de esos misales de iglesia anglicana (tamaño mitad de folio), aunque bien podría ser un libro de oraciones católico apostólico y romano. Esta es la mía -me dije- y eché el libro a la bolsa.
La portada es la imagen de la santísima tetranidad que les muestro arriba y les puedo asegurar que el interior no defrauda: la edición es de diseño limpio y clarito, y hasta los acordes parecen los auténticos.

En el nombre del Ringo, del John y del Yorch Harrisón. Macca (=amén)
No se crean que rezo todas las noches con mi guitarra junto a la cama, no. Mi vida sentimental se habría ido al garete en tal caso. Pero desde mi atalaya de reverendo animo a todos aquellos legos en la guitarra que quieran iniciarse a que lo hagan -rezar- cada noche o cada tarde, un ratito. Ya verán, se empieza con la tontuna del Yellow submarine y se acaba tocando hasta el Strawberry fields a dos velocidades. La diversión está garantizada.

- ¿Y quién te salvó de las tinieblas, hijo mío? ¿quién?
- Los bitels, ¡fueron los bitels!
- Aleluya, hijo mío, ¡aleluya!

He visto además que el misal de marras está en venta en amazon. No desaprovechen la oportunidad. En esta misma colección de 'misales', y porque no solo de fabfours vive el hombre, también hay disponibles de Dylan, Cohen y más iconos. Yo les recomiendo lo que les recomiendo no porque lo diga yo, sino porque también lo decía Kurt cuando afirmaba que Nirvana no hacía pop porque los bitels ya lo habían hecho todo. Cuánta razón tenía.

Pero, pero...
Ahora me pregunto: si los bitels son Dios, pero Dios no existe... entonces los bitels tampoco existen. Oh diosmio, ¿hay algún filósofo en la sala que me puede aclarar esta cruel contradicción?
Mientras se lo piensan, les dejo con este video calentito con imágenes incunables propias del antiguo testamento bitel: los chicos tocan desde las mismísimas cavernas el gran clásico de Leiber y Stoller 'Some other guy'. La verdad es que su sonido es tan razonablemente bueno que hasta me hace dudar sobre si es el original o no. Da la sensación de que sí, y que nos podemos hacer una idea de lo ásperos y secos que sonaban los chicos en el Génesis.
Y ahora, no olviden vitaminizarse y orar un ratito por las noches.

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Madrid, Spain
Es compositor, productor y arreglista en musicasdecamara.com *********** Aparte de su proyecto musical personal M A T E (www.matelaweb.com), Alberto es parte del duo Plastic d'amour, y colabora con Las Escarlatinas, Cristina Georgina y Beldivioleta. ****** Su trabajo más reciente ha sido la producción del libro-disco infantil 'Casi un musical' que será publicado en el sello SIESTA (www.siesta.es) a primeros de 2011. En él colaboran Irene Tremblay, Loquillo, Malcolm Scarpa y Jabier Muguruza. *******

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