Permítanme una digresión dentro de este blog bitelmaníaco y escuchen esta bonita historia basada en hechos tan tristemente reales como el manto de orines que cubre el centro madrileño. Dice así:En la empresa de publicidad donde trabajaba un amigo pusieron una máquina expendedora de zumo de naranja natural. Una especie de lavadora gigante llena de naranjitas. Le dabas a un botón y salía un vaso de zumo rico rico. Para mayor gozo, el vasito era gratuito, puritita generosidad de la empresa: barra libre de zumo para todos. Pues bien, desde el primer día los empleados enloquecieron y empezaron a consumir zumo en cantidades industriales, 3, 5, 7, etc. vasos diarios (supongo que la vitamina C haría estragos en los sistemas nerviosos). Por lo visto se llegaron a consumir 40 kilos de naranjas al día. La becaria sueca flipaba: 'pero... ¿por qué bebéis tanto?’. Y el epañol medio respondía cargado de razones: ‘¡¡porque es gratis!! ¿no lo ves?’.
A los pocos días la dirección de la empresa, tratando de evitar la quiebra por naranjicidio, modificó la política de precios y fijó el vasito en unos 60 céntimos simbólicos. Parece ser que todos comprendieron. El consumo pasó a ser razonable y la empresa pudo seguir comprando naranjas. Fin de la historia.
(Y ahora, con voz de telepredicador, yo digo...)
En esta gran máquina de zumo de naranjas que es internet exprimimos hasta la última gota, nos emborrachamos de vitamina C, lo tenemos todo, está ahí, ¡¡¡es gratis!!! ¿no lo ves?... ¿Cómo vamos pues a permitir que nos lo quiten si ya somos yonquis de la descarga por la patilla? ¿Por qué nos han dejado tanto tiempo la máquina de naranjas y ahora nos la quitan? ¿Qué clase de demoño nos niega nuestros derechos civiles? ¿Son acaso los cantantes, actores, chulos, vagos, ricos, cretinos, los que nos la quitan? ¿Es que quieren su propio bien a costa del bien de la mayoría? (Eso dice un partido de derechas en la oposición que promulga el despido libre y a la vez defiende los ‘derechos de los internautas’. Viva la esquizofrenia.)
No, no y no permitiremos que la máquina de zumo pare: antes saldremos a las calles, quemaremos autobuses, nos inmolaremos ante el ministerio de cultura. (¿Conseguirá este ministerio suficientes dosis de metadona para la población española, yonqui del todo gratis number one de europa? Muchas dosis son esas. Los laboratorios farmacéuticos no creo que den abasto. Quizá se estén frotando las manos. ah, no, los que se frotan las manos son los operadores de internet, qué cabrones, nos han vendido el todo gratis y nos lo hemos creído) .
Las bondades de internet son indudables. Este blog es un vivo ejemplo. Pero la llamada democratización gracias a internet es una verdad a medias: la cultura es de todos, quiero decir, de todos incluyendo también a los que la generan. Porque cuando se dice que es de todos y por tanto gratuita se está excluyendo a los productores. Entonces la creación y producción se convierten en un acto ‘exclusivo’ y excluyente: sólo unos pocos rentistas con gran capacidad adquisitiva pueden permitirse el lujo de palmar pasta cada vez que filmen una peli o graben un disco a sabiendas de que estará disponible en la máquina de naranjas en cuestión de segundos sin contraprestación alguna. Vamos, que volvemos al siglo XIX cuando sólo los aristócratas –y las pobres ratas de buhardilla- se podían permitir el lujo de filosofar.
Parece ser que la suerte está echada y el pueblo internáuta ha hablado: nadie quiere pagar los 60 céntimos que cuesta una canción. Así sea. Ojalá en un futuro se puedan digitalizar las mandarinas, un chalecito en la montaña, un buen coche, o una bufanda. La máquina de exprimir naranjas nos dará entonces más alegrías si cabe: al fin todo, pero todo gratis de verdad. Les aseguro que un músico como yo lo agradecerá.
